3. DEFINICIÓN GENERAL SIMPLE DEL CAPITAL Y OPRESION NACIONAL. CUESTIÓN TEÓRICA DECISIVA PARA COMPRENDER CÓMO Y PORQUÉ TERMINAN CHOCANDO LA EXPANSIÓN CAPITALISTA Y LA IDENTIDAD DE LOS PUEBLOS OPRIMIDOS, SIGUIENDO LA LÓGICA DEL DESARROLLO DESIGUAL Y COMBINANDO Y SUS FORMAS QUE ADQUIERE EN LAS RELACIONES CENTRO DE ESTADO OPRESOR Y PERIFERIA DE NACIÓN OPRIMIDA.
A modo de ejemplo muy ilustrativo de la interesada superficialidad propagandística a favor de la UE de la industria político-mediática que, como veremos, engarza directamente con el problema de las identidades culturales, colectivas y nacionales --sin poder precisar ahora sus diferencias-- podemos citar el triunfalismo exultaste que recorrió la UE a los pocos días de entrar en vigor el euro el 1 de enero del 2002, la moneda única europea. Primero, durante largos meses de antelación se divagó sobre el miedo y hasta el rechazo social al euro, o al menos bastante indiferencia por él. Durante el mismo día del "bautizo", los medios prestaron una atención desmedida, y casi al acabar el día, con los primeros datos comenzó el triunfalismo. Después, conforme se conocía más al detalle su rápida aceptación sobre todo en los decisivos Estados dominantes en la UE, se dio por sentada y confirmada la existencia de, cuando menos, un embrión de "identidad única europea" correspondiente a la "moneda única europea". La base de tal identificación proviene de la creencia de que a toda moneda corresponde una identidad cultural, o al menos, siendo más realista, debe terminar correspondiéndole gracias, entre otras cosas, a la perseverante acción del Estado que ampara y potencia esa moneda, y que se beneficia de su fortaleza y de la cultura que termina entrelazándose simbólica y materialmente con dicha moneda.
3.1. SOBRE LA RELACIÓN HISTÓRICA ENTRE LA MONEDA Y EL DESARROLLO DE LAS CONTRADICCIONES DENTRO DE LA CULTURA POPULAR Y SUS EFECTOS NEGATIVOS SOBRE LA INDENTIDAD DE LOS PUEBLOS QUE DESARROLLAN ESAS CULTURAS
Históricamente, la existencia de una moneda ha terminado simbolizando una realidad psicopolítica y sociocultural previamente dada sólo cuando la base material --en el sentido del materialismo histórico-- de la producción y de sus relaciones sociales ha sido la base del poder de clase que monopolizaba con anterioridad dicha cultura y primaba la supremacía de sus componentes reaccionarios y retrógrados. La historia de Fenicia, sobre todo de la Grecia clásica, para no citar a la China de entonces, y de Roma, así lo indica. Pero sobre todo, con la recuperación de la economía dineraria desde los siglos XII-XIII se agudiza esta estrecha relación entre la cultura dominante y la moneda de su clase dominante, y a la vez, en sentido contrario, la creciente oposición de las culturas, identidades, pueblos y/o naciones --sin precisar ahora-- con suficiente masa crítica de autoconciencia a ser avasallados por el expansionismo del poder exterior que dispone de mayores recursos dinerarios, mercantiles y comerciales, fabriles e industriales, financieros.
1ª) Esta contradicción, ya latente en la Edad Media europea, se dispara desde el siglo XVII cuando la guerra de liberación de los Países Bajos contra la ocupación hispana saca al descubierto una realidad que crecerá desde entonces. El proceso convulso de la simultánea crisis en Gran Bretaña lo confirma por otro lado, del mismo modo que todo eso venía ya anunciado por la guerra de liberación del pueblo de Bohemia en el siglo XV, y las guerras del siglo XVI en las que lo protonacional aparece manifiestamente. Por no extendernos, acabaremos con la guerra de liberación de las colonias norteamericanas contra la ocupación británica en el siglo XVIII. Pues bien, de un modo u otro pero siempre con contenido esencial, palpita en esta violenta historia la decisiva cuestión del control de los impuestos, de la autoadministración del excedente colectivo, de la conquista del derecho a emitir moneda propia, y con ello del de desarrollar los restantes instrumentos necesarios para expandir ese proceso, como, entre otros, la oficialización de una lengua escrita dotada de una ortografía unificada y de un sistema centralización de educación.
2ª) Significativamente, fue a comienzos del siglo XIX cuando esta dinámica dio un salto tremendo con las resistencias populares dirigidas por los bloques de clases dominantes en muchos Estados europeos a los ejércitos napoleónicos. Significativo porque antes de esta época, las clases dominantes no concebían la posibilidad de los Estados-nación posteriores, e incluso aquellos Estados ya muy centralizados alrededor de un complejo lingüístico-cultural dominante y/u opresor de otros complejos -- Países Bajos, Gran Bretaña, Portugal, Suecia y los Estados español y francés, básicamente-- tenían problemas para uniformizar incluso su propia lengua en su propio pueblo, por no hablar de los pueblos que ya ocupaban. Quiere esto decir, a grandes rasgos, que conforme las culturas populares eran invadidas, reaccionaban desde su identidad y en defensa de su autoadministración. Desde luego, sus clases dominantes no dudaron o no tuvieron más remedio que lanzarse a cabalgar el tigre, agotarlo y domeñarlo.
3ª) Conforme la industrialización se imponía en Europa, desplazando a la fase capitalista anterior, las resistencias populares crecían y sus respectivas clases burguesas las dirigían hacia objetivos estrictamente democrático-burgueses. Este proceso tuvo en 1848-49 un momento decisivo, y culminó en 1871, cuando Alemania se confirmaba ya como Estado hegemónico continental, empezando a desplazar a la declinante Gran Bretaña. Durante esta dinámica, la moneda estatal jugaba siempre un papel cohesionador decisivo pero inseparable no sólo de la base de poder anterior sino también del papel crucial del complejo industrial-militar y de la "defensa nacional" correspondiente. El período de entre 1871 y 1914, el del esplendor del imperialismo eurocéntrico pese a la terrible crisis de 1873-95, es obligatoriamente el del esplendor de la forma-Estado industrial y el de la confirmación de los nacionalismos imperialistas pero, como respuesta, de buena parte de los nacionalismos democrático y populares de resistencia en todo el planeta. Una vez más, vuelve a aparecer la dialéctica entre la moneda dominante y el deseo/necesidad de los pueblos resistentes por dotarse de sus propios recursos de autoadminitración de su excedente de sus valores de uso y de su excedente colectivo.
4ª) Ciñéndonos a Europa, 1914-18 significaron tanto el comienzo de su retroceso frente a los EEUU como la confirmación de sus irreconciliables contradicciones internas, expresadas en la lucha de clases y el surgimiento de la URSS, y en las reforzadas reivindicaciones nacionales no resueltas y en la manipulación nacional-imperialista y nazi-fascista de los componentes reaccionarios de las identidades nacionales en los Estados en los que el bloque de clases dominante necesitaba derrotar o exterminar la lucha revolucionaria obrera y popular, también feminista y de las naciones internas y externas oprimidas. Esta doble contradicción es en sí misma unitaria vista desde la dialéctica marxista de la lucha entre el Capital y el Trabajo en una onda, fase o contexto largo de contradicciones radicales, como fue el período de entre 1918-45, pese a los "años dorados" que acabaron en la catástrofe de 1929-31. De nuevo, en este período el problema de las relaciones entre las monedas y las identidades colectivas, aparece con una extrema virulencia que se plasma en los extremos de las revoluciones socialistas y de las contrarrevoluciones nazi-fascistas y militaristas. En ambos extremos, pero también en el intermedio, bullía la en abstracto denominada "cuestión nacional".
3.2. SOBRE LAS RELACIONES RECIENTES Y ACTUALES ENTRE LA MONEDA Y EL DESARROLLO DE LAS CONTRADICCIONES DENTRO DE LA CULTURA POPULAR Y SUS EFECTOS NEGATIVOS SOBRE LA INDENTIDAD DE LOS PUEBLOS QUE DESARROLLAN ESAS CULTURAS
La historia tan sucintamente reseñada es imprescindible para entender ahora, en primer lugar, qué fue el período europeo de entre 1945-73, cuando se constata la debilidad real de los EEUU, incapaces de vencer en el sudeste asiático y se inicia la crisis estructural del capitalismo mundial; en segundo lugar, en el período 1973-90, cuando a la vez de la reacción yanki para recuperar su hegemonía, se hunde la URSS, y se inicia una recuperación muy localizada y parcial del capitalismo, y, en tercer lugar, del período 1990 a ahora. En estos años, las pugnas entre las monedas y más concretamente entre las políticas económicas estatales se han agudizado con el salto a la financierización provocado por los EEUU a comienzos de la década de 1981 como parte sustantiva de su reacción posterior a 1973. También se han agudizado por la presión de la alianza entre el capital financiero y la industria cultural; por las presiones del GATT, de la OMC y del muy próximo AMI para culminar la liberalización plena de los pueblos empobrecidos a la voracidad imperialista, especialmente a la expoliación de fuerza de trabajo cualificada con el aumento del expolio y saqueo cultural de esos pueblos; y, por no extendernos y para acabar en la actual Europa, por la imposición del euro. Muy en síntesis, lo que vemos corresponde, dicho en términos marxistas, al desarrollo de la dialéctica expansivo-constrictiva inherente a la definición general simple de capital. Este y no otro es el secreto expresado en términos teóricos.
3.3. SOBRE LA DIFERENCIA CUALITATIVA ENTRE EL CAPITALISMO Y OTRAS SOCIEDADES ANTERIORES EN EL DECISIVO PROBLEMA DE LA MERCANTILIZACIÓN GENERALIZADA DE LA CULTURA Y SU DEVALUACIÓN EN CULTURILLA ALIENADORA
Por un lado, la producción de valor y plusvalor, que es la característica básica que diferencia cualitativamente al capitalismo de los modos de producción precedentes en los que predominaba el valor de uso, exige la ciega expansión espacio-temporal del capitalismo, su mundialización y la destrucción de todas las barreras existentes. Pero, por otro lado, ese valor y plusvalor exige de un mercado para materializarse y realizarse en beneficio, y ese mercado exige un territorio relativamente controlado y estable. Surge así una contradicción que se agudizará cada vez más en la medida en que la necesidad de beneficio exija imperiosamente superar todas las barreras, pero, simultáneamente, la necesidad de asegurar las condiciones más estables de protección del beneficio acumulado para facilitar luego su ampliación, exige crear más barreras proteccionistas. Una especie de acordeón, o de corazón en un movimiento permanente de sístole y diástole. Antes del capitalismo dicho acordeón o corazón se movía lentamente porque predominaba la producción de valores de uso. Con el capitalismo es cada vez un movimiento más rápido, convulso y arrítmico conforme sus fases sucesivas aceleran la mercantilización generalizada. La aparición histórica del Estado-nación burgués se produce cuando su concurso en necesario para garantizar un mínimo orden en la arritmia creciente de la dialéctica expansivo-constrictiva de la definición simple de capital.
1ª) Más en detalle, en la fase expansiva de la dialéctica del capital, la producción de valor y plusvalor exige desintegrar todas las culturas e identidades exteriores que se resisten a ser subsumidas y tratadas como meros momentos del proceso productivo capitalista. Surgen así duras resistencias populares e inhumanos genocidios realizados por la "civilización" burguesa. Pero en la simultánea fase constrictiva la burguesía, su Estado, utilizan componentes reaccionarios de la cultura e identidad anterior para crear una cultura nueva adecuada a las necesidades de protección del beneficio logrado. Desde luego que este proceso es más complejo que esta burda simplificación, pero nos hacemos una idea aproximada del permanente proceso de desintegración y destrucción de componentes culturales e identitarios, y de integración y creación de otros nuevos, frecuentemente utilizando algunas partes descontextualizadas y desvirtuadas de los anteriores. Según se suceden las fases comercial y colonial, industrial e imperialista, y financiero-industrial actual, esta dialéctica mundializadora y globalizadora se hace más implacable pero a la vez más cuestionada.
2ª) Más en detalle, esta es la razón última por la que las "cuestiones nacionales" no han hecho más que multiplicarse en el interior mismo de esta dialéctica expansivo-constrictiva inherente a la definición general simple del capital, negando la dogmática estupidez burguesa y reformista. La historia europea de entre los siglos XVII-XXI así lo confirma, y esta historia sólo ha adelantado lo que ya se produce en todo el planeta porque la contradicción expansivo-constrictiva opera mundialmente. Los pueblos autoconscientes que por serlo no aceptan ser absorbidos por el agujero negro capitalista no tienen más remedio, si quieren seguir existiendo, que crear su propia barrera protectora, su Estado que, a la fuerza, deberá ser cualitativamente superior en contenido democrático --Estado en proceso de autoextinción-- a cualquier Estado burgués.
3ª) Más en detalle, lo que la industria político-mediática y la intelectualidad burguesa europea denomina como "resurgimiento del irracionalismo nacionalista" no es sino la forma falsaria, cínica e hipócrita de ocultar, primero, que sus Estados y el proceso de la UE no han conseguido liquidar las identidades nacionales resistentes y oprimidas; segundo, que buena parte de esas identidades están creciendo y reafirmándose; tercero, que la verdadera irracionalidad es la de los Estados-nación burgueses incapaces de ordenar el caos capitalista; y, cuarto, que además y por efecto de esa incapacidad, han resurgido los peores irracionalismos, los racistas, en respuesta tanto a la lucha democrática y revolucionaria interna en la UE como a la llegada de fuerza de trabajo exterior. Y ninguno de estos cuatro hechos es comprensible si no se tiene en cuenta la tendencia a la agudización de la contradicción entre la uniformización desnacionalizadora inherente a la UE, con la imposición forzosa a la larga de una superficial y alienada "identidad europea", y, por el lado antagónico, las resistencias de las identidades existentes que se niegan a desaparecer, a disolverse en un magma de culturilla mercantil o, en la menor mala de las suertes, a flotar como trozos inconexos en una sopa ecléctica de "ciudadanía europea".
3.4. SOBRE LA TENDENCIA AL ENDURECIMIENTO DEL CHOQUE ENTRE LA CULTURILLA DEL PODER OPRESOR Y LA CULTURA DE LOS PUEBLOS OPRIMIDOS, Y SOBRE EL IMPACTO DE ESTA LUCHA EN LO MÁS BÁSICO DE LA CULTURA HUMANA COMO ESENCIA D ELA ESPECIE
Desde esta perspectiva podemos comprender mejor que la dinámica de permanente destrucción y creación de identidades colectivas en la sociedad capitalista, además de afectar a la esencia y raíz básica de la cultura --sexo, trabajo y exoenergía-- y, a la vez, ser afectada por la capacidad de adecuación resistente del colectivo que posee y (re)-crea esa cultura para no desaparecer, además de esto, también dependen de la intervención destructora de los Estados burgueses. Pero de ninguna manera hay que creer que esta pugna se libra siempre con las mismas armas, con la misma intensidad e idénticas formas, porque varía y complejiza en las sucesivas fases históricas del capitalismo debido a un hecho muy simple, cual es la tendencia a la alienación generalizada, es decir, el paso universal del valor de uso al valor de cambio. Dado que el proceso de unión capitalista europea es inseparable de la dirección estratégica y en algunas cuestiones también dirección táctica de la gran burguesía financiero-industrial, y dado que esta fracción de clase es simultáneamente efecto/causa y causa/efecto de la producción generalizada de mercancías, por ello mismo se complejiza e intensifica la lucha entre identidades diferentes y en el interior de las identidades en cuanto tales. Y en la medida en la que el capital financiero aumenta su libertad de movimientos especulativos, oscuros e ilegales, y también, en otra esfera, sus relaciones con el capital financiero y en menor medida con el comercial, en esta medida tan decisiva para buena parte de la industria político-mediática, se endurecerá aún más dicha pugna
1ª) Afecta a la raíz esencial de la cultura humana, tal cual ahora se presenta, porque, por un lado, la mercantilización patriarcal incontenible de la sexualidad --desde las biotecnologías reproductivas hasta la pornografía más misógina pasando por la explotación sexo-económica en todas sus formas-- va unida e impulsa todo el proceso descrito ya que el sistema patriarco-burgués es sustantivo al modo de producción capitalistas; porque, por otro lado, la mercantilización burguesa de la fuerza de trabajo social busca su definitiva desestructuración o subsunción real, que no formal, en el capitalismo como mera tuerca material o mero formación técnica, "inmaterial", del proceso de explotación, y porque, por último, la mercantilización de la naturaleza, y por ende de la especie animal humana, rompe la unidad esencial de la vida con la cultura que se mantenía mediante el ligamen de la obtención de exoenergías dentro del proceso natural de vida, pero al desaparecer lo natural como valor de uso y alienarse de la especie humana como valor de cambio, por ello mismo se extingue la identidad y contenido natural de la cultura, para quedar en algo superficial, espurio e insustancial.
2ª) Cada pueblo concreto padece, se enfrenta y supera a esta desnaturalización según y dependiendo tanto de sus propios instrumentos de defensa y de (re)-creación cultural, como de las agresiones internas y externas que padece. Es obvio que existe interrelación histórica entre unas y otras circunstancias, pero ambas o mejor esa unidad contradictoria del proceso histórico, nos remite siempre a la misma característica de lucha de contrarios en lo cultural, lo identitario y lo nacional. Negar esta realidad por cualquier excusa es caer en el peor idealismo metafísico y reaccionario. Reconocer su objetividad, antes bien, es el requisito imprescindible para producir una subjetividad revolucionaria capaz de impulsar la victoria de los componentes democráticos y progresistas existentes en la raíz material de la cultura --sexo, trabajo y exoenergía-- sobre los reaccionarios.
3.5. SOBRE LA NATURALEZA POLÍTICA DE TODO ESTE CONFLICTO Y SOBRE LA INTERVENCIÓN POLÍTICA DEL ESTADO COMO INSTRUMENTO DECISIVO QUE INFLUYE EN EL CONTINENTE Y EN EL CONTENIDO DEL PROBLEMA CULTURAL
Llegamos así al contenido y continente político del problema que tratamos dado que tanto en la UE actual como a escala mundial, no existe ninguna institución oficial y paraoficial neutra en esta problemática. Ahora bien, debemos precisar que aquí lo político depende antes que nada de la propia composición del Estado concreto, de sus relaciones con las industrias político-mediáticas de producción de mercancías culturales, y de su posición en la jerarquía de poder hegemónico dentro de la UE.
1ª) El primer y más poderoso nivel es el de las subculturas que se integran dentro del complejo de poder político-cultural anglosajón, germánico y francés, o sea, el núcleo dirigente que de mil modos impone determinados límites a los demás, y que también dispone de muchos más instrumentos para resistir a la industria yanki y sus múltiples recursos.
2ª) El segundo nivel es el formado por la cultura española y portuguesa, por este orden, pues aunque son claramente culturas pertenecientes a burguesías de Estados "viejos" y débiles, periféricos ya, sin embargo tienen la suerte de ser herederos de los genocidios anteriores, e incluso de reactivar un subimperialismo en América Latina y partes de África para recomponer parte de su tasa de beneficio. Además, también el Estado español tiene la ventaja de oprimir a otras naciones con sus sistemas lingüístico-culturales propios, lo que siempre produce una ganancia cultural, simbólica y material correspondiente.
3ª) El tercer nivel es el formado por las culturas ceñidas a un único Estado, que no tienen apenas colectivos que las practiquen fuera de sus fronteras oficiales, aunque sí pueden tener grupos de emigrantes, como es el caso de Italia, Grecia, etc., y sus emigrantes entre 1950-70. Con la extensión de la UE al Este, aumentarán estas culturas uniestatales y también, como veremos, los problemas del racismo.
4ª) El cuarto nivel es el formado por la masa de miembros de la cultura anglosajona no europea, sobre todo norteamericanos pero también canadienses, australianos, etc., que viven, trabajan o están en las fuerzas armadas del imperialismo en Europa, o de turismo. No tienen mayores problemas e incluso tienen más posibilidades de practicar su cultura que muchas naciones y pueblos, y también tienen derechos prácticos adquiridos bajo la presión de la hegemonía mundial de los EEUU.
5ª) El quinto nivel es el formado por las culturas de las naciones europeas oprimidas, negadas en sus derechos esenciales, que deben defender y (re)-crear sus identidades con muy pocos recursos y generalmente superando grandes obstáculos y barreras de los Estados ocupantes.
6ª) El sexto nivel es el de los crecientes grupos inmigrantes. Aunque la obtención de una precaria e incierta seguridad legal pueda suponer una ligera mejora en el uso de su cultura, realmente son culturas condenadas a la marginalidad y exclusión, pero también a la explotación industrial en las cadenas de mercancías exóticas tanto en alimentación como en ropa, estética, etc., sobre todo las culturas de mayor contraste y diferencia con la eurooccidental. Desde luego que los diversos grupos culturales eslavos y el húngaro, el rumano y el turco tienen la relativa ventaja de su proximidad continental e histórica a la UE y sobre todo de su más o menos próxima entrada oficial, en comparación a los inmigrantes de otros continentes, no por ello cuentan con mínimos derechos legales, y difícilmente los adquirirán en la práctica cuando sus respectivos Estados sean oficialmente aceptados en la UE ampliada.
3.6. SOBRE LA IMPORTANCIA CRECIENTE DE LAS CULTURAS EXTERIORES A LA UE Y SOBRE LAS CAUSAS DEL RACISMO QUE PALPITAN DENTRO MISMO DE LOS FACTORES REACCIONARIOS EXISTENTES EN LA CONTRADICTORIA MEZCLA DE CULTURA POPULAR CON CULTURILLA ALIENANTE
Esto nos lleva la creciente importancia de las culturas exteriores a la actual UE, las que traen los emigrantes y que son puestas como excusas por las derechas para justificar no sólo su política dura con la inmigración, sino también para no atajar radicalmente el racismo que se expande por Europa. Desde la perspectiva teórica de este texto, el movimiento reaccionario que se inicia en el rechazo encubierto hacia los emigrantes, que crece hasta convertirse en xenofobia y acaba en el racismo tiene sus raíces en los componentes reaccionarios de la cultura actual, es decir, el componente patriarcal, en el componente insolidario en el trabajo y en el componente desarrollista y de propiedad de la naturaleza. Los tres componentes retrógrados son típicos de la cultural eurooccidental:
1ª) La cultura patriarcal blanca siempre ha tenido miedo a las relaciones sexuales entre sus mujeres y los hombres de color tanto por el orgullo machista herido por el mito de la superioridad del pene y de la potencia sexual de las "razas inferiores", como por el riesgo de pérdida de la propiedad privada sexo-económica. La cultura penocéntrica occidental es incompatible con la libertad interracial, y aunque la pornografía explote el morbo interracial, y aunque la cultura oficial no defienda explícitamente los valores racistas penocéntricos, el miedo irracional a la supuesta superioridad sexual de las "razas inferiores" está profundamente anclado en la cultura práctica de los machos occidentales cargados de ansiedades y angustias por el tamaño de su pene. Por eso cuando el número de inmigrantes de color supera un nivel bastante reducido de tolerancia y cuando los blancos empiezan a observar con creciente inquietud miedosa las cada vez más frecuentes relaciones entre las mujeres blancas y los otros machos, entonces de lo más profundo de su cultura penocéntrica surge el odio racista.
2ª) La cultura occidental del trabajo desarrollada por el luteranismo y el calvinismo, y más tarde aceptada implícitamente por el catolicismo, ve el trabajo como una virtud que acerca al hombre blanco a su dios. Esta cultura tiene un profundo desprecio hacia las culturas paganas y aunque no fuera directamente racista en su origen sí tenía un esencial desprecio hacia los "vagos y haraganes salvajes", que rechazaban el trabajo y que preferían la lascivia y la concupiscencia más lujuriosa. Inicialmente también despreciaban a las masas campesinas europeas, pero en la medida en que los Estados y sus instituciones disciplinarias --iglesias, escuelas, reformatorios, cárceles, manicomios, ejércitos, familias, prensa, talleres de trabajo forzados, etc.-- introdujeron a la fuerza la ideología burguesa del trabajo, sólo quedó como objeto del rechazo los pueblos no occidentales que, lógicamente, rechazaban la dictadura del trabajo asalariado. Cuando a esa ideología anclada en lo elemental de la alienación colectiva occidental se le suma la abundancia de fuerza de trabajo de color en condiciones de crisis y de paro estructural, entonces se concitan todas las fuerzas irracionales que impulsan el racismo más conscientemente defendido: el del derecho al trabajo de los blancos que, además, son superiores en la capacitación civilizaciones para el trabajo bien hecho.
3ª) La cultura capitalista entiende que la naturaleza está a las órdenes del beneficio, y con la naturaleza todo lo que en ella cabe, sobre todo los pueblos que la habitan. Además, esos pueblos ya están previamente satanizados por la cultura penocéntrica y la ideología del trabajo, como hemos visto arriba. En estas condiciones, cualquier cosa que suponga una merma contra el uso de la naturaleza por parte de la "civilización occidental" es en sí mismo un peligro. La obsesión capitalista occidental por el control de las reservas energéticas y de materiales estratégicos es un ejemplo, pero el problema se agrava cuando en situaciones de crisis global en el mismo centro capitalista la sociedad en su conjunto aprecia que una masa creciente de "pueblos dominados" que debieran quedarse "en sus selvas" para ser allí explotados a placer, se pasea por las calles y quiere entrar en los supermercados, en los bancos, quiere construir sus mezquitas, y quiere consumir tanto o más que los "civilizados occidentales". La pasividad colaboracionista de las grandes masas europeas ante todos los crímenes occidentales en el Tercer y Cuarto Mundo destinados a garantizar el creciente expolio imperialista, sin el cual no se mantendría mucho tiempo el actual consumismo irracional, tiene en lo anterior una causa directa.
4ª) Estos tres componentes reaccionarios de la cultura occidental son manipulados por los diversos partidos burgueses y por la industria político-mediática, según los contextos históricos y las circunstancias sociopolíticas, socioeconómicas y patriarcales de cada país y cada Estado, para potenciar grupos racistas o incluso grandes movimientos racistas. Pero esta capacidad de manipulación tendría bastante menos efecto si no fuera por las profundas raíces irracionales y reaccionarias existentes en los componentes descritos. De este modo, relacionando ambos factores, las diversas burguesías pueden terminan coincidiendo básicamente en la necesidad de potenciar determinados grados de racismo en la UE, y hasta aceptar que en determinados Estados sea superior a la media porque en ellos es más conveniente para mantener el orden interno.
Existe pues una jerarquía de poderes político-culturales y, por debajo, de simples culturas dominadas, que si bien mantiene una distancia y autonomía por cuanto el "tiempo cultural" --en su sentido fuerte-- es más lento que el económico y el político, no por ello está totalmente fuera de la objetiva dominación del capitalismo en general y en concreto de su rama industrial político-mediática. Más aún, esa jerarquía también asume, refleja y facilita la superior y decisiva jerarquía de explotación de los de abajo por los de arriba, de las identidades nacionales oprimidas por las opresoras, o simplemente de las culturas más debilitadas por las más fortalecidas gracias a los superiores recursos productivos de sus Estados. Podemos y debemos hablar, por tanto, de la existencia de una explotación cultural y nacional dentro de la UE; explotación que se sustenta en parte sobre un intercambio desigual en el mercado de la cultural reducida a valor de cambio, mercado que también comercia con las identidades nacionales una vez descualificadas y reducidas a una simple cantidad de fuerza de trabajo consumida en su producción, consumo que sirve para precisar a grandes rasgos su precio concreto dentro de los precios medios que rigen en el mercado cultural, simplificación necesaria para poder aplicar la ley del valor-trabajo a la industria cultural, rama de la industria político-mediática. Esta subsunción en la industria capitalista tiene repercusiones directas sobre la evolución de la identidades colectivas y sobre la "cuestión nacional".
1ª) Cuando decimos que la explotación cultural y nacional se sustenta en parte sobre el intercambio desigual en el mercado de la cultura, no negamos que existan otros sustentos que aseguran dicha explotación. Existen, y de hecho incluso han sido anteriores en la evolución histórica en bastantes de los casos, como las ocupaciones militares de los pueblos por los Estados invasores, y han actuado como requisitos necesarios para, sobre la "paz" que impone la ocupación militar y su opresión política, imponer luego la correspondiente dominación lingüístico-cultural destinada, por un lado, a destruir la identidad nacional del pueblo invadido y, por otro lado, sentar las bases para que la industria cultural del Estado ocupante se apodere del mercado del pueblo ocupado. En realidad, este proceso aquí diseccionado analítica y diacrónicamente funciona de modo mucho más sintética y sincrónicamente dentro de una totalidad procesual que se explica por el hecho de que el complejo lingüístico-cultural de un pueblo ocupado rinde beneficios materiales y simbólicos al bloque de clases dominante del Estado ocupante y, en cascada decreciente, a las clases dominadas, oprimidas y explotadas en ese Estado, para terminan de favorecer en alguna pequeña medida a sus mujeres, las últimas en la base de la pirámide de beneficios.
2ª) En la historia europea podemos apreciar nítidamente cómo la evolución del proceso explotador de las culturas populares e identidades nacionales ha sido condicionada dialécticamente por las sucesivas reordenaciones en la jerarquía hegemónica de poder europeo. Ya nos hemos extendido un poco más arriba sobre la evolución de las relaciones de las culturas con y contra la evolución expansiva de la economía capitalista y más en concreto con y contra la evolución de las monedas por su especial significación e influencia. Pues bien, en el aspecto particular pero decisivo de la explotación de las culturas e identidades nacionales dentro de la UE hay que, recordando lo visto arriba, avanzar diciendo que los beneficios producidos por esa explotación se reparten por entre los poderes según sus respectivas posiciones en la jerarquía explotadora por término general, aunque también hay sobreganancias superiores a la media correspondiente según casos concretos propiciados por políticas estatales más agresivas, por industrias particulares que han introducido nuevas tecnologías y han aumentado la plusvalía relativa y absoluta, etc.
3ª) Todos los componentes de la cultura popular pueden ser subsumidos realmente en la producción capitalista a condición de que el pueblo que ha creado esa cultura sea previamente sojuzgado y alienado, y a condición de que su clase dominante se convierta en colaborador consciente de y en el proceso, obteniendo una parte del beneficio. El capitalismo actual no tiene apenas dificultades para mercantilizar la sexualidad, el trabajo y la obtención de exoenergía de los pueblos sojuzgados. Lo hace directa o indirectamente. Un caso típico es la expropiación del saber técnico de los inmigrantes, del saber global de las mujeres inmigrantes, etc. Otro es la industria turística en zonas empobrecidas para pensionistas de zonas enriquecidas y la industrialización turística de amplias zonas naturales. Otro es la industria del ocio y del espectáculo que extraer enormes beneficios privados integrando en sus producciones componentes de las culturas populares, desde deportes, folklore, gastronomía, tradiciones, etc., de modo que el pueblo creador de esa cultura es expropiado de los beneficios producidos por su mercantilización. Otro es el empobrecimiento cultural exterior para crear mercados a la propia industria cultural. Otro es la expansión de la industria educativa de las burguesías más fuertes en beneficio de sus empresas.
3.7. SOBRA LA SÍNTESIS DE LOS FACTORES ARRIBA EXPUESTOS Y SUS EFECTOS DESTRUCTORES CONTRA LA CAPACIDAD DE CREACIÓN CULTURAL DE LAS NAICONES OPRIMIDAS, MEDIANTE LA ALIENACIÓN DE LOS "INTELECTUALES" EN SIMPLES TRABAJADORES ASALARIADOS DE LA INDUSTRIA POLÍTICO-MEDIÁTICA DEL ESTADO OPRESOR
En síntesis, la causa radica en que el capitalismo, por un lado, al tender a la sustitución del trabajo vivo, del realizado por los seres humanos, por el trabajo de las máquinas, el trabajo muerto, tiende también a la introducción de la cultura y del saber en las máquinas; y, por otro lado, al tener que abrir nuevos negocios que multipliquen los beneficios, tiene que buscar yacimientos vírgenes de materia y energía cultural para explotarlos de inmediato, hasta arruinarlos. Y las culturas de las naciones indefensas son yacimientos especialmente rentables porque guardan en su interior una rica variedad de valores de uso material y simbólico que se pueden convertir fácilmente en mercancías, en valores de cambio. La imposición del euro acelera y facilita, a la vez que exige, la velocidad del proceso entero de realización del beneficio de la industria político-mediática, y de su rama específica que es la industria cultural.
1ª) De la misma forma en que las grandes empresas controlan a las medias y sobre todo a las pequeñas, convirtiéndolas en simples sucursales de la gran fábrica central, de modo que las pequeñas sobreviven casi únicamente gracias a los pedidos de las grandes, apareciendo así zonas productivas totalmente dependientes de otras alejadas en el espacio; de la misma forma, también la industria cultural, del espectáculo, del entretenimiento, del ocio, del turismo, etc., que son parte de la gran industria político-mediática, termina anulando la independencia creativa de los pueblos más debilitados al absorber la supervivencia económica de la población que directa e indirectamente vive del trabajo en todos los componentes internos con el complejo lingüístico-cultural. Sin independencia económica es muy difícil mantener la creatividad cultural, y bajo una dependencia económica total la forma y contenido de la producción cultural creativa desaparece. La suerte de la artesanía así lo demuestra, y también la del cine, la literatura, el arte autóctono en general, etc. Sin embargo, lo que para el pueblo dependiente ha dejado de ser valor de uso, se ha convertido en valor de cambio que produce jugosos beneficios para la burguesía exterior, y para la colaboracionista burguesía interior.
2ª) En estas condiciones, termina siendo normal el que la producción cultural de la nación dominada se amolde a las leyes de la industria político-mediática y del Estado. La gente que quiere vivir de su trabajo de y en una cultura dominada debe asumir las leyes porque si las olvida será condenado a la pobreza, y si las combate será condenado a la cárcel. Esto explica que tantos "intelectuales" de la cultura dominada sean en realidad alienados trabajadores autónomos que buscan a la desesperada patrones que compren su fuerza de trabajo intelectual, sus obras, sus novelas, sus artículos, sus películas, etc., y las lancen al mercado estatal, europeo o mundial. Si ese pueblo dispone de una mediana burguesía con un pequeño poder autonómico y/o regionalista, como en una parte de Euskal Herria, esos "intelectuales" tienen más suerte, pero a condición de que acepten las leyes de su burguesía, que ocupa uno de los puestos más bajos en la jerarquía de poder en la UE. En uno u otro caso, salir al mercado exige la previa aceptación de la disciplina empresarial, del mismo modo que en una fábrica cualquiera cobrar el salario al final de mes exige aguantar la disciplina empresarial durante ese tiempo. Y dado que en la industria cultural hay objetivamente un componente obligado de alienación política, la aceptación de la ley del mercado, del empresario, supone aceptar activa o pasivamente la ley política dominante.
3.8. SOBRE LA LECCIÓN ELEMENTAL Y OBLIGADA QUE HAY QUE EXTRAER DE LO PRECEDENTE
Solamente si el pueblo dominado se autooganiza desde su base y crea instrumentos de producción cultural propia, no sujeta a las leyes de la industria político-mediática y del Estado dominante, sólo así puede garantizar mínimamente y siempre de forma incierta el que aparezca y florezca una generación de miembros del pueblo que (re)-creen los componentes progresistas de la cultura e identidad y critiquen sus componentes reaccionarios. Ya en este contexto, el contenido directamente político de toda cultura y en especial el de sus componentes progresistas aparece con toda su potencia. Pero esa capacidad de producción cultural será siempre incierta e insegura por la posibilidad del cierre por parte del Estado ocupante o por parte de las leyes del mercado exterior incontrolable si no existe una discriminación positiva para la cultura dominada, mientras el pueblo no consiga su propio poder político, su Estado garantizador de la pervivencia de los instrumentos decisivos para garantizar la producción cultural. Ahora bien, tampoco el Estado es una garantía definitiva porque las presiones exteriores, de otros Estados más poderosos y de las industrias culturales que se amparan en esos Estados. Solamente un Estado que sea instrumento del poder popular, de la democracia socialista, puede garantizarlo en base a la potenciación de una política estratégica y táctica que supera los límites de este texto.
EUSKAL HERRIA
2002/05/19